Había pasado un año.
Ese día decidí quedarme sentada en el piso. Llegó un momento en el que no podía agacharme más, y últimamente no paraba de hacerlo.
Me senté lo más cómoda que pude.
Así recogería a partir de a
hora mejor los pedazos de mi corazón roto.
Cada vez estallaba con más fuerz
a, separándose así en trozos más pequeños, lo cual hacía más difícil su reparación. Y justo cuando creía que ya estaba terminado, cuando creía que volvería a latir... Volvía a desprenderse en mil pedazos.
Hoy estoy sentada para hacer mas liviana la tarea de luchar por sobrevivir, pero...
¿Hasta cuando merece la pena?
¿Cuándo sabes que tienes que alzar la bandera blanca?
¿...me habrá llegado ya el momento?